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lunes, 27 de marzo de 2017

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Complicaciones y Alteraciones Secundaria Espina Bífida (Mielodisplasia)

Hidrocefalia.
La hidrocefalia es un exceso de líquido cafalorraquídeo en los ventrículos cerebrales. Es una de las complicaciones del mielomeningocele y, si no esta controlada, puede distender los ventrículos del niño y, por tanto, el crecimiento de la cabeza, comprometiendo el desarrollo del cerebro y de la función sensoriomotriz. En los estudios de Stein y Schut (1979), el 80% de los niños con espina bífida desarrollaron hidrocefalia. La malformación de Arnold-Chiari, aunque no es la única causa de hidrocefalia, es una de las causas primarias. En estas condiciones, la circulación del líquido cefalorraquídeo (LCR) esta bloqueada para salir a través de la médula espinal, desplazando el mesencéfalo hacia el agujero occipital. La colocación quirúrgica de una válvula, Shunt, en los ventrículos cerebrales drena el exceso de liquido desde los ventrículos hacia la cavidad peritoneal →



Complicaciones y Alteraciones Secundaria Espina Bífida (Mielodisplasia)
Bibliografia / Fisioterapia en Pediatría - L.Macias Merlo. J. Fagoaga Mata.

La válvula para la desviación del líquido no deja de ser un cuerpo extraño que, con el crecimiento, puede bloquear y dejar de funcionar. Cuando esto ocurre, se debe reemplazar o reparar quirurgicamente (costa clara,2000). →

Complicaciones y Alteraciones Secundaria Espina Bífida (Mielodisplasia)
Bibliografia / Fisioterapia en Pediatría - L.Macias Merlo. J. Fagoaga Mata.

Complicaciones y Alteraciones Secundaria Espina Bífida (Mielodisplasia)
Bibliografia / Fisioterapia en Pediatría - L.Macias Merlo. J. Fagoaga Mata.

Los síntomas del mal funcionamiento de la válvula suelen consistir en cefalea, fiebre, cambios de carácter, alteración del comportamiento, somnolencia , disminución de la agudeza visual, aumento de espasticidad en los músculos inervados y disminución del rendimiento escolar (Shepherd,1995).
Con la hidrocefalia, el niño con espina bífida puede desarrollar siringomielia. El aumento de presión del LCR provoca un ensanchamiento del conducto raquídeo. En algunos casos, el aumento de presión en la médula conduce a un aumento del tono en los músculos inervados. El aumento del tono también se puede producir si el niño desarrolla una médula anclada o enclavada, por ejemplo, si existen adherencias alrededor del cierre quirúrgico del tubo neural o por la existencia de espolones que protruyen el canal medular. En estas condiciones se produce un aumento de la parálisis o del tono muscular. Dependiendo de la actividad muscular registrada durante la exploración inicial y según el nivel de lesión neural, los datos clínicos determinaran si los cambios en la fuerza muscular necesitan una revisión por el neurocirujano.

Cognición y percepción.
             
Los déficit cognitivos y los problemas de percepción visual van asociados con la espina bífida, particularmente en niños con hidrocefalia que tienen incorporada una válvula. Como la incidencia de hidrocefalia es de un 80% , los problemas cognitivos y de percepción visual deben ser controlados continuamente, en especial durante el periodo escolar (Stein y Schut,1979).
Debido a la limitación en la movilidad y el desplazamiento, los niños con espina bífida pueden presentar alteraciones en el concepto espacio-tiempo ya que recorren, en el mismo tiempo, menos espacio que un niño físicamente capacitado. Estos problemas también se traducen en lentitud a la hora de ciertos razonamientos, al resolver problemas escolares que para otros niños suelen ser sencillos, en la realización de tareas escolares, falta de atención, etc. (Fagoaga, 1995).
Los problemas de percepción visual pueden comportar dificultades en la organización visomotriz. Por tanto, los terapeutas deben tener presentes que el niño con espina bífida puede tener dificultades en la percepción visual cuando tiene dificultades en el aprendizaje de las secuencias motrices.
El niño con espina bífida suele poseer un vocabulario correcto, pero puede tener dificultades para usar el lenguaje con un significado apropiado. Puede charlar demasiado en su interacción social pero sin un engranaje del significado de la comunicación. Los que escuchan al niño, pero no conocen estas características verbales peculiares, creen que esta entendiendo mas de lo que realmente escuchan (Yeates et al.,1995). La valoración individual es esencial para identificar estas dificultades, junto con las limitaciones funcionales, y para poder desarrollar un plan terapéutico apropiado.

Problemas genitourinarios. 

Los esfínteres están inervados por los nervios sacros (S2-S3-S4); por ello, la mayoría de los niños con espina bífida tienen incontinencia vesical y anal. Normalmente los problemas de estreñimiento se pueden paliar con una alimentación adecuada, un horario regular y masajes para facilitar la expulsión de las heces.
El mielomeningocele conlleva siempre una alteración funcional del tracto urinario, que con frecuencia afecta a la función renal. Las alteraciones de la dinámica funcional se traducen en dos síntomas: la retención urinaria y la incontinencia. La retención es consecuencias de un mal vaciado vesical por  falta de eficacia de la vejiga y/o por mala relajación del esfínter vesical. Esta retención urinaria sera la responsable de las complicaciones orgánicas graves. La incontinencia se debe al fallo del cierre uretral durante el llenado vesical y/o de la actividad anormal de la vejiga (Martinez Agullo, 1990). Esto supone un problema social grave que en la adolescencia suele acarrear una limitación de la integración en la sociedad, con problemas de imagen corporal que puede incidir en la autoestima y en la estructuración de la personalidad. Tanto la incontinencia vesical como la retención se tienen que controlar para evitar infecciones del tracto urinario y lesiones en los riñones.
Para la incontinencia, normalmente el niño pequeño lleva un absorbente o pañal y cuando es mayor suele utilizar un colector. Algunos niños utilizan una sonda permanente y otros una derivación urinaria instaurada quirúrgicamente. 
En la retención urinaria, la utilización del sondaje intermitente previene el reflujo. En general, los padres utilizan esta técnica cuando el niño es pequeño y mas adelante suele ser el mismo niño quien realiza el autosondaje. Los niños de 6 o 7 años son capaces de empezar a aprender el procedimiento del sondaje; sin embargo, la independencia para usar este procedimiento normalmente llega cuando el niño ha adquirido el sentido del tiempo y es capaz de comprender el horario del sondaje (Gram,1999). El sondaje intermitente suele reducir el numero de infecciones urinarias y, a la larga, la posible lesión de riñones. El urólogo y las enfermeras del equipo iniciaran a los padres en las técnicas del sondaje intermitente, así como los controles y posibles medicación para mejorar la función vesical (Fernandez Lucas, 2000).
La mejora en la calidad de los absorbentes y dispositivos, el autosondaje, los avances en la farmacología, la aparición del esfínter artificial y el desarrollo de nuevas técnicas quirúrgicas ofrecen nuevas esperanzas en el tratamiento de los problemas urólogicos.
La solución de las alteraciones del aparato urinario y sus consecuencias aportara al paciente no solo un mejor pronostico desde el punto de vista orgánico y de calidad de vida, sino también una mejor integración social, escolar, laboral y familiar.

Problemas en la motricidad manual.

Frecuentemente aparecen asociados problemas de motricidad manual con la hidrocefalia y con la malformación de Arnold-Chiari. se pueden observar, en algunos niños, signos de torpeza e incoordinación, falta de destrezas manual, de control espacial, dificultades para la actividades gráfica y coordinación bimanual. Otras alteraciones que pueden presentar y que repercuten en la motricidad manual son la hidromielia y la siringomielia. Estas alteraciones provocan problemas de paresia y amiotrofias que pueden afectar a músculos del brazo y de la cintura escapular, pero es en la mano donde muestra sus aspecto mas característicos, como por ejemplo la contractura espasmodica de la musculatura de la mano o de los flexores de los dedos. Estas alteraciones van unidas a una disminución de la sensibilidad estereoceptiva. En algunos casos la aparición de quistes aracnoideos (engrosamientos de la duramadre cervical que comprimen la médula y las raíces raquídeas) provoca también problemas de habilidad manual.
Es útil valorar si existen problemas en la motricidad manual cuando el niño inicia la escolaridad. Por ejemplo, el test Peabody permite valorar posibles déficit en la motricidad manual y, por tanto, la necesidad de intervención terapéutica a este nivel. En estos casos es necesario informar a los maestros y profesores del niño sobre este aspecto particular.        

Bibliografia / Fisioterapia en Pediatría - L.Macias Merlo. J. Fagoaga Mata.
                           
    

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