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martes, 5 de noviembre de 2013

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TECNICAS Y ESTRATEGIAS PARA AYUDAR AL NIÑO HIPERACTIVO


La forma de tratar el "Trastorno de Déficit de Atención con Hiperactividad" es modificar o compensar lo más posible aquellas conductas típicas que repercuten negativamente en la vida diaria del niño y de su familia. El objetivo principal es reducir su impulsividad e inquietud motriz y aumentar su atención, que son la fuente de sus principales problemas. Las corrientes psicopedagógicas conductista y cognitivista ofrecen diversas estrategias para tratar la hiperactividad. La corriente conductista centra su atención en cómo el ambiente en el que se mueve el niño (la familia, los profesores, etc.) interactúa con él para, manejando esta interacción, modificar las formas de comportamiento. La corriente cognitivista actúa directamente sobre el niño enseñándole a ejercer su propio control a través del entrenamiento en estrategias.



Corriente conductista: cambiar una conducta inadecuada a través del ambiente 


Para modificar determinadas actitudes, como la agresividad o la desobediencia, se emplean técnicas de cambio conductual que se apoyan en la psicología conductista. La base de todas ellas es la idea de que todo comportamiento es una forma aprendida de responder a determinadas circunstancias. Cuando lo que obtenemos al responder de determinada manera es bueno, agradable o sirve a nuestros propósitos, esa respuesta se instaura en nosotros, es decir, la aprendemos y siempre que nos vemos en circunstancias similares respondemos igual. Por el contrario, si con nuestra actuación no logramos lo esperado, desechamos la respuesta como "no válida" y dejamos de emplearla. 

Esto supone que tu actitud es fundamental a la hora de manejar la de tu hijo, ya que es la que le proporciona la información de si sus respuestas son adecuadas y sirven a sus propósitos o, por el contrario, debe sustituirlas por otras. Los padres pueden, sin darse cuenta, fomentar las respuestas inapropiadas. Un ejemplo muy claro es cuando se cede a un capricho, que se ha negado en un principio, para contener una rabieta. La conclusión del niño en esta ocasión es clara (y muy lógica): "enfadándome, gritando y tirando las cosas consigo lo que yo quiero". Resultado: cada vez recurrirá con más frecuencia a las pataletas. 


Las técnicas de cambio de conducta lo que hacen es controlar las consecuencias de las acciones convirtiéndolas en agradables, a través del "refuerzo positivo", o desagradables mediante el "castigo". Aquellas conductas del niño a las que siga un "refuerzo positivo" serán aprendidas como útiles y se repetirán; aquellas otras a las que acompañe un "castigo" terminarán desapareciendo. Los refuerzos pueden ser muy variados. Al principio, cuando una actitud está muy instaurada, se recurre a recompensas de tipo material (un juguete, una chuchería, etc.). Posteriormente se van restringiendo este tipo de refuerzos para que el niño no haga las cosas por el premio sino porque realmente ha adquirido nuevas actitudes con las que se siente más satisfecho. Para ello, desde el principio (junto con las recompensas materiales) y a lo largo del tiempo (cuando ya se han eliminado aquellas) el niño debe recibir refuerzos sociales como abrazos, alabanzas o cualquier otra manifestación de afecto por lo bien que ha actuado. Por otra parte, los castigos que siguen a las conductas que deseamos eliminar serán cosas como quedarse sin ver la tele o recoger el cuarto, pero jamás castigos físicos. Además, todo castigo debe ir acompañado del refuerzo de la conducta alternativa. 





¿Cómo puedes aplicar todo esto? Una forma es hacer un trato con tu hijo. Piensa en alguna cosa que quieras cambiar de él, por ejemplo, que no se levante de la mesa mientras come. Ya tienes establecido el objetivo general. Ahora, en función de la problemática, piensa cuándo y cómo vas a reforzar el cambio de comportamiento: si tu hijo no aguanta más de tres minutos seguidos en la mesa, empieza por reforzar que consiga estar sentado al menos cinco minutos. Según le vaya resultando más sencillo cumplir el objetivo ve aumentando el tiempo hasta que, finalmente, reciba el premio sólo si permanece toda la comida sin levantarse. El siguiente paso es acordar el premio o refuerzo. En este caso lo más apropiado es un sistema de puntos o fichas canjeables. Elabora con tu hijo una lista de cosas que le gustaría hacer o conseguir y pon a cada cosa un valor en función de sus características: un caramelo 2 puntos, media hora más con el ordenador 8 puntos, ir al cine 14 puntos, comprar un juguete determinado 20 puntos, etc. Ya sólo queda ponerlo en práctica: cada vez que tu hijo cumpla el objetivo marcado refuérzale con un punto y cuando desee canjearlos dale la recompensa que le corresponda según acordasteis. 






Corriente cognitivista: enseñar a hacer las cosas mejor 


Según la corriente cognitivista, la forma más adecuada de ayudar a un niño hiperactivo a resolver sus problemas correctamente es entrenarle en los pasos que debe seguir, es decir, darle estrategias para que sepa cómo actuar.



Por ejemplo, mantener la atención es una habilidad casi automática en la mayoría de las personas, pero para un niño hiperactivo es todo un triunfo. Para facilitarle esta tarea debemos enseñarle cómo se presta atención facilitándole una serie de instrucciones que resuman eso que hacemos las personas cuando prestamos atención (centrarnos en lo importante, ignorar los estímulos irrelevantes, etc.). En este caso estaríamos hablando de estrategias atencionales. Dicho así parece muy abstracto, sin embargo lo puedes aplicar de forma particular a cada una de las tareas con las que tu hijo tenga dificultades. Una manera de hacerlo efectivo es el "modelo de autoinstrucciones" que debéis practicar cada día tantos días como sea necesario hasta que tu hijo sea capaz de realizar el quinto paso de forma natural: 

1. Modelado: haz tú la tarea mientras vas diciendo en voz alta los pasos que sigues, mediante instrucciones claras y concisas.

2. Guía externa manifiesta: ahora es él quien realiza la misma tarea mientras le ayudas repitiendo junto con él los pasos.

3. Autoguía manifiesta: el niño repite solo las instrucciones, en voz alta, mientras hace la tarea.

4. Autoguía manifiesta atenuada: en vez de hablar en voz alta debe cuchichear las instrucciones.

5. Autoinstrucciones encubiertas: finalmente el niño realiza la tarea en silencio mientras se guía por las instrucciones a través del pensamiento.





Pero, sin duda, lo que más os interesa conocer es ¿en qué va a afectar a vuestro hijo tener hiperactividad? y ¿qué podéis hacer vosotros para ayudarle? El principal problema de la hiperactividad no son sus síntomas sino lo que éstos provocan, sus consecuencias. Las más comunes son: 

  • Debido a la dificultad para prestar atención: problemas de aprendizaje. 
  • Debido a su comportamiento inquieto e impulsivo: problemas de disciplina, deficiente ejecución de las tareas que realiza y dificultades para relacionarse con otros niños. 
  • Debido a que continuamente están siendo recriminados por su forma de actuar, acusados de desobedientes y a la alta tasa de actividades que abandonan a medias o que realizan mediocremente, es muy frecuente que tengan asociados problemas afectivos y emocionales como: baja autoestima, dependencia, baja tolerancia a la frustración, "indefensión aprendida" (él piensa que no está en sus manos hacer las cosas bien), depresión, ansiedad y agresividad. 


Afortunadamente, evitar estas situaciones está en vuestras manos. Y no me refiero sólo a que podáis acudir a un especialista que ponga en práctica todas esas técnicas de las que hemos hablado sino, sobre todo, a la importantísima labor que podéis hacer en casa manteniendo una actitud adecuada. Para ello, aquí tenéis algunos consejos: 

  • Estableced unas normas a seguir en el hogar, definiendo claramente los límites. Es importante que haya consenso entre los padres. 
  • Ofreced a vuestro hijo información sobre sus conductas (feedback) que le permita evaluar su actuación. 
  • Siempre que actúe de forma correcta reforzádle su conducta positivamente. Un refuerzo no tiene por qué ser un premio material, basta con un beso o una alabanza. Si le castigáis no olvidéis que el castigo nunca debe ser físico y que éste por si solo no sirve de nada, siempre se debe enseñar la conducta alternativa (cómo debía haber actuado). 
  • No le pongáis etiquetas. Si está oyendo continuamente que "es un desastre" cada vez actuará más como tal y además su autoimagen se verá mermada, lo que contribuye a la baja autoestima y la depresión. 
  • Mantened expectativas positivas. Con vuestra ayuda vuestro hijo es capaz de superarlo todo. Si pensáis así él también lo hará, su motivación aumentará y será más capaz de enfrentarse a sus problemas.

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